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sábado, 20 de febrero de 2016

NUEVA YORK · Top of the Rock

Bueno, pues ahí voy con la segunda entrega de localizaciones de Nueva York. Otro clásico: Top of the Rock. Este mirador o conjunto de terrazas está situado en el edificio más alto del complejo Rockefeller Center. Y, como siempre, la eterna duda: ¿Empire State o Top of the Rock? Top of the Rock  ¿Por qué este y no el Empire State? Fácil. Por las vistas. Subir al Empire State es un clásico, pero... ¡¡¡no lo ves si subes a él!!! Es, para mí, el icono de la ciudad, así que fuera donde fuera, se tenía que ver. Así que nos decidimos por el TotR. Además, pues en esto de las localizaciones fotográficas influye tanto la luz, que solo hacía encontrar respuestas evidentes. 



Lo que está claro es que la hora a la que subas, a uno o a otro, tienes que pillar la puesta de sol y más, como fue mi caso, si el cielo está durante todo el día soso, insulso... Esto es, despejado completamente. En invierno, atardece muy pronto y, teniendo en cuenta que esa hora desfasada con respecto al sol que tenemos en España, allí en USA no existe. Estaba claro, a las 4:30 puesta de sol, así que una horita antes ya estábamos entrando en el edificio General Electric, que es el edificio del Rockefeller Center donde se encuentra TotR. Como imaginaba, estaba abarrotado. Bastante cola para acceder pero fluida. Desde que entramos al edificio hasta que estábamos en la cima, quince o veinte minutos.

Al ascensor le cuesta escasos 40 segundos en subir las 70 plantas del edificio. Y es la primera emoción con la que te encuentras. Luces, sonidos, música, imágenes... Muy "americano". Al salir del ascensor, primera terrarza/mirador. ¡¡Sorpresa!! Estaba semivacío. Entonces, ¿donde estaba toda esa gente que abarrotaba la entrada?. Desilusión. Estaban en la azotea más alta, la que tiene el mejor punto de vista y no por la situación, total a esas alturas 10 metros más o menos no importa. El problema es que en la azotea de arriba no hay nada que impida la vista. En las otras dos sí. Unas mamparas de cristal protejen al visitante del vacío. Afortunadamente, estaban bastate limpios y, además, hay espacio entre uno y otro cristal. ¿Cuánto? Pues no mucho. El Nikon 14-24 no cabe, ya os aviso. 


Como también estas terrazas se iban llenando, tras varias tomas por diferentes puntos de la misma, decidí clavar mi bandera en un punto y no moverme de allí bajo ningún concepto. Tenía que morir al palo de tener el mismo encuadre. Eso o intentar otros y quedarme sin nada. Primeras tomas y primeras sonrisas. No solo por tener la tan ansiada foto de la Gran Manzana, sino por el cielo. Como sucedería al día siguiente en el Puente de Brooklyn, la diosa fortuna se apiadó de mí y empezó a colocar nubecitas altas en el cada vez más rojizo cielo neuyorkino. 

 
El sol aún estaba potente y, con respecto a mi situación, a unos 30 grados con respecto a mi posición y el Empire State. Así que decidí empezar a disparar haciendo uso del braketing: tres tomas con un paso de diferencia entre toma y toma. ISO el más bajo posible, es decir, con la D810 a 64. 

Como os he comentado, no había mucho juego en cuanto al encuadre así que, tras unas cuantas con el 14, para ganar focal, decidí arriesgarme y montar el todoterreno patatero que tengo para las fotos "familiares": el Tamron 28-300. Vale, de acuerdo, lo reconozco. Tengo uno, jajajaja. Y, he de decirlo. Me salvó la sesión. Se portó de maravilla. Lógicamente no pasé de 200, pierde muchísima calidad a partir de esa focal, pero a focales entre 70 y 180 se porta a las mil maravillas. Alguna tiré, por eso de la calidad con el 50 fijo de Nikon, pero la mayoría con el Tamron. Además, como he comentado antes, cabía por la separación de los cristales protectores, cosa que el 14 no.

Iba pasando el tiempo y el sol, cada vez más bajo, iba tiñendo más y más el cielo de rojos, naranjas, amarillos y magentas. Un verdadero espectáculo. Pero, yo seguía sin poder moverme de allí. La terraza de arriba estaba a rebosar de gente. Y, por fin el momento mágico, la golden hour ante mí sobre Nueva York. Momento mágico enfatizado por las primeras luces que se iban encendiendo por edificios sin fin de la ciudad.


Conforme iba pasando el tiempo y la luz se hacía más débil, comenzé a echar en falta el trípode. Así que, me tocaba comenzar a subir de ISO y bajar el tiempo de exposición. Segunda sorpresa del Tamron. El estabilizador funciona de coj..., perdón, de narices. 

Con respecto a lo del trípode, os cuento. En principio no se puede llevar trípode. Está prohibido. Según me dijo uno de seguridad que le pregunté, es porque con tanta gente, molestas o incluso puedes provocar que alguien tropieze. Vale, me convenció. Yo había decidido no llevarlo porque sabía que estaba prohibido y pasaba de consignas. Mi sorpresa fue que vi uos cuantos trípodes montados. No eran muchos, tres a lo sumo. Imagino que la gente lo lleva y, si no le dicen nada, lo monta. También en la azotea de arriba existen unos muretes en los que puedes apoyar la cámara para hacer largas expos. Cuando se había puesto el sol y se había difuminado la luz del ocaso la gente comenzó a bajar. Fue cuando aproveché a subir al mirador de arriba e hice unas cuantas tomas desde allí. Alguna, con buen resultado, desde los poyetes de hormigón que os he comentado. Eso sí, con cuidado porque tienes que poner la cámara muy adelante, casi en el borde para que no salga el hormigón.

Tras las típicas tomas con la noche sobre Nueva York, terminé la sesión y dimos por zanjada esta localización. Como en tantas de Nueva York, originales todos sabemos que no vamos a ser, pero son de esas fotos que uno siempre quiere hacer por si mismo. Sueño cumplido.


De nuevo, dar las gracias al maestro Javier de la Torre por sus consejos y paciencia.

sábado, 16 de enero de 2016

NUEVA YORK · Brooklyn Bridge Park

Por fin se cumplió uno de mis sueños fotográficos y pude realizar uno de los viajes que más ganas tenía de hacer. Poder visitar Nueva York.

No entraré a hacer la típica guía o diario del viaje. Ya hay "a patás" y mucho mejores de lo que un servidor pudiera ofrecer.

Sin lugar a dudas, un lugar que, ya sin haber estado todavía allí, me atraía de manera especial era la vista de Manhattan desde al lado del famoso puente de Brooklyn. Pero no a una hora cualquiera. Tenía que conseguir estar allí a la hora mágica del atardecer. 



Así que, previsor que es uno, con ayuda de mi Photopills, intruduje los puntos deseados y la altura del sol que me interesaba. Bueno, tampoco tenía mucho mérito esto. Tan solo hubiera bastado acercarme por allí siguiendo a alguno de los innumerables trípodes que pululaban por las cercanías, jajaja!!!! 

Fácil. A las 4:28 minutos era el ocaso, así que no debía estar allí más tarde de las 3 o 3:30. Con una horita y media antes es suficiente. Eso sí. No las tenía mucho conmigo. El cielo había estado todo el día despejado. Ni una sola nube. Pero había que ir sí o sí.

Ruta fácil. Había estado por la zona de Financial District y el 9/11 Memorial por la mañana, así que llené el buche en un SubWay y me dirigí al metro más cercano. El destino High St. De allí hasta el Brooklyn Bridge Park cinco minutos andando (¡¡qué bien que viene el Google Earth!!). 

Al salir de la boca de metro, mi primera sorpresa. Pequeñas nubes altas habían empezado a inundar, poco a poco, el cielo. ¡¡Bien!! Parece que, por una vez, la suerte podía sonreírme. Mi emoción comenzó a crecer conforme me iba acercando a la orilla del East River. Más y más nubes se iban colocando en la posición ideal. Todavía era pronto y el sol aún dominaba, pero pintaba bien. 

Como he comentado antes, ya había bastante gente colocando sus bártulos fotográficos a lo largo de los lugares más estratégicos esperando la mágica luz del atardecer, pero yo tenía claro mi sitio. Como en otras localizaciones, sabía que no iba a "inventar la rueda", pero no pretendo eso. Me da igual que haya millones de fotos iguales, lo que yo quiero con este tipo de localizaciones, es tener mi foto allí. 

Por fin en mi soñado aposento, planté mi trípode, coloqué la cámara, le enfrasqué el portafiltros, el disparador y el propio filtro. Como aun era pronto, comenzé con el 10 pasos de Hi-Tech. Mi check list: Medición y enfoque en auto; paso a manual; restar 10 pasos de diafragma y modo disparo con espejo levantado. Perfecto, me daba una expo de 30 segundos. Visualización de histograma y vi que aun podía apurar medio paso más. 45 segundos. "Click". Buen resultado. 

Pero, efectivamente, como me había recomendado mi amigo Javier de la Torre, el agua del East River se mueve mucho. Necesitaba más tiempo para "asedarla". Pero más tiempo significaba subir mucho de diafragma. Tanto que no me daba. ¿Solución? La que me dio Javi: "Tira en multiexposición". Venga, primera prueba: Misma exposición que en la prueba de antes pero con una multiexposición de 5 fotos. 45 segundos por cinco fotos me dieron como resultado una única foto de 225 segundos, suficientes para, incluso, conseguir los primeros edificios reflejados en el río.


Fui moviendo mi localización en torno a la orilla, a modo de turno con los compañeros que allí había. Lo típico: con mi parco inglés nos fuimos revelando consejillos, trucos, tú como haces esto... pues yo lo hago así... qué filtros usas... Incluso a uno que calzaba también el 14-24 de Nikon, le recomendé los porta de Lucroit. No los conocía pero dijo que miraría a ver si los enviaban a allí, a New Jersey, que es de donde era él. A ve si tiene suerte, porque me dijo que los de Lee salían mucho más caros incluso allí (B&H incluído!!!).


Poco a poco iba callendo la luz y la magia fue creciendo. Como mi emoción al ver que, por fin, conseguía tener un cielo espectacular. Más incluso de lo que yo había pensado. Tan solo, como ejemplo, decir que, no solo los turistas estábamos sacando fotos y alucinando, sino que muchos de los runners que pasaban, paraban y sacaban su móvil para inmortalizar el momento.

Una vez bien escondido el sol, me dirigí a la zona que hay entre los dos puentes, el de Brooklyn y el de Manhattan. Últimas fotos y ya, pensando en llegar al hotel y visualizar con calma las fotos. Eran ya cerca de las siete y, como vulgarmente se dice, ya estaba todo el pescado vendido.